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31 De Mayo, 2019 

sojaPor Alejandro Radonjic 

 

La tonelada de soja, la principal commodity que produce Argentina, está lejos de los picos de 2012-2013: por esos años, merodeaba los US$ 600 en Chicago y Ricardo Arriazu recordaba que Dios era peronista. Nota al pie: pese a esos términos de intercambio fabulosos, había cepo cambiario.

 

Hoy, la tonelada de “oro verde” anda por los US$ 350, aunque los productores la vendan (retenciones mediante) cerca de US$ 235 por tonelada. Apenas más que $ 10.000. Hace algunas semanas estaba más abajo y la ecuación de rentabilidad estaba muy finita.

 

 

 

 

Además, si se ajusta el precio de pizarra en Chicago por la inflación de Estados Unidos, la situación es aún más compleja y se observa que la soja no está muy lejos de los valores previos al arranque del famoso superciclo de las commodities (ver gráfico). Son épocas de vacas flacas. Si se valuara la cosecha de 2019 con los precios de 2013, las exportaciones del complejo serían hoy de US$ 23.000 millones. Sin embargo, aun con la suba reciente, serán US$ 16.000 millones: US$ 7.000 millones menos.

 

Pero, ¿es un precio tan malo? Según Fernando Botta (AgroBrokers) no es un mal precio en clave histórica. “Los máximos históricos entre 1973 y 2007 eran 900 centavos por bushel en Chicago, algo así como US$ 330 por tonelada y, en esa etapa, cuando tocaba ese valor, por algún restricción de oferta u otro factor, era un muy buen precio”, dice ante El Economista. Desde 2007 hasta ahora, ese antiguo pico ahora se transformó en un piso.

 

Hoy no está lejos de ese piso, aunque vino subiendo en las últimas semanas. Una noticia positiva para los farmers locales que llega, además, en un momento clave: el 75% de la megacosecha (se estima en 57 millones de toneladas) aún no se comercializó.

 

El motivo del rally son los atrasos en la cosecha de Estados Unidos: según datos de USDA, apenas se sembró 29% de la soja prevista cuando el promedio histórico, para esta altura del año, era de 70%. Eso pudo más que la peste porcina africana, que obligó a sacrificar miles de cerdos en China y la guerra comercial entre las dos potencias planetarias.

 

¿Seguirá escalando la soja? Nadie lo sabe, y dependerá cómo sigan las cosas el Midwest. “Hasta el 15 de junio todavía tienen tiempo para sembrar soja, asumiendo pérdidas de rindes. Por eso, se vienen dos semanas cruciales”, agrega Paulina Lescano, especialista en mercados de granos, en diálogo con El Economista. “Pero si el pronóstico cambia y logran avanzar con la siembra de soja, incorporando algunas hectáreas que originalmente iban a maíz, los precios no deberían tener mucho soporte considerando que los efectos negativos de la guerra comercial y la peste africana siguen presentes”, agrega Lescano. En el corto plazo, dice Botta, “la zona de US$ 9-9,4 por bushel (US$ 330-345 por tonelada) pueden ser un techo, hasta que se confirmen cuáles son las pérdidas reales en Estados Unidos”.

 

“En un principio, la guerra arancelaria entre EE.UU. y China y, luego, la peste porcina africana, habían encendido las alarmas en torno a una mayor caída del precio de la soja, y también del maíz. Pero, como ‘Dios es argentino’ el retraso de la siembra de soja y del maíz en EE.UU., sumado a las fuertes lluvias en el centro oeste de ese país (que es el principal productor mundial) obligó al USDA a revisar sus últimas proyecciones sobre la oferta de granos y, ahora, como se teme un faltante más o menos importante en los mercados mundiales, los precios están repuntando y empujando hacia arriba sus techos iniciales. En esta nueva realidad, opino que el complejo agroexportador argentino puede volver a respirar tranquilo, sin que eso signifique relajarse: nada dura para siempre”, dice Rubén Manasés Achdjian desde Tramas & Tendencias.

 

“Las últimas jornadas fueron positivas en el mercado de Chicago y la cotización de la soja recuperó unos US$ 25 desde los mínimos que había tocado hace 15 días. Sin embargo, creemos que hay un factor fundamental que comenzó a afectar a la demanda de la oleaginosa a fines del año pasado y lo seguirá haciendo al menos durante 2019 y 2020 que es la peste porcina en China. Esto constituye un cambio profundo en el mercado por el lado de la demanda y creemos que difícilmente los precios vuelvan a los niveles del primer semestre de 2018 cuando rondaban los US$ 380 por tonelada”, dice Matías Surt desde Invecq.

 

“Con casi 57 millones de toneladas cosechadas, estimamos pérdidas por unos US$ 2.500 millones para el conjunto de los productores argentinos en relación a la valuación de la cosecha que se tenía en mente durante la siembra. Esa pérdida para los privados implica también una pérdida para el Estado, vía una menor recaudación por retenciones que la que se esperaba. En un año donde cada peso cuenta en el ambicioso objetivo de llegar al equilibrio fiscal primario, el Gobierno perdería unos US$ 700 millones de recaudación solo por retenciones de soja, lo que equivale a valores de hoy a más de $30.000 millones”, agrega Surt.

 

“El mercado internacional de commodities está siendo afectado por una serie de factores que, por su magnitud, generan efectos disruptivos y afectan las cantidades producidas, consumidas y comerciadas, así como el nivel de precios”, dice Agustín Tejeda desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires ante El Economista.

 

Entre ellos, agrega, hay factores coyunturales, pero también otros estructurales “que nos obligan a repensar incluso el posicionamiento de Argentina, así como las políticas agropecuarias y comercio exterior que deberíamos adoptar en consecuencia”.

 

En la lista de los factores de fondo, sostiene el Economista Jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, “debemos señalar a la guerra comercial y la fiebre porcina africana”. Ambos acontecimientos generan un impacto negativo en la demanda china de poroto de soja, principal importador mundial.

 

Según las estimaciones del USDA, se redujo en 17 millones de toneladas en la campaña actual. “Pero los efectos no se limitan a la demanda de soja. El arancel impuesto por China a la soja de Estados Unidos genera una brecha en los precios de la soja americana versus la sudamericana proveniente de Argentina y Brasil, distorsionando fuertemente el funcionamiento del mercado. Como consecuencia, sube el margen de molienda en EE.UU. y disminuye en nuestro país. Así, la molienda de soja en Argentina se ve negativamente afectada, estimándose en niveles bajos, comparados con los niveles de molienda de los últimos años y la capacidad instalada. Debe notarse que los productos de esa industria (aceite y harina de soja) son los principales bienes de exportación de nuestro país”, advierte Tejeda.

 

“Por otro lado, la fiebre porcina africana genera impactos no sólo en los mercados de granos, sino también en los mercados de carnes, abriendo una oportunidad para los países exportadores. Las importaciones de carnes de china aumentarían significativamente: 4.724 miles de toneladas en carne porcina, 887.000 en carne bovina y 565.000l en aviar, según estimaciones de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI”, explica.

 

Entre los factores de corto plazo, que han ayudado a los precios en las últimas semanas, sobresale el retraso de la cosecha de EE.UU. A modo propositivo, Tejeda dice: “Más allá de la coyuntura, los cambios en los patrones de comercio y los precios internacionales comentados nos interpelan y obligan a revaluar las decisiones de política agropecuaria tomadas recientemente, que no hacen más que agravar los efectos negativos de los acontecimientos comentados. Los menores precios internacionales, en combinación con el aumento en las alícuotas de derechos de exportación, resultan en una importante disminución de los precios domésticos y los márgenes al productor en comparación con campañas anteriores. De continuar con los actuales niveles de alícuotas se pone en riesgo la tendencia de crecimiento del área y la producción iniciado en 2015. De igual manera, la eliminación del diferencial arancelario profundiza los efectos de la guerra comercial en contra de la industrialización local de la soja y favorece la exportación de poroto”.

 

También hay algunas oportunidades, como las exportaciones de carnes. “Argentina debería aprovechar la coyuntura favorable para consolidar el acceso a los mercados asiáticos hacia el largo plazo, y evitar que la ventana se encuentre abierta sólo hasta la recuperación del stock de cerdos en China. Una agenda de negociaciones dinámica, que iguale las condiciones de acceso que tienen nuestros principales competidores debe ser un objetivo prioritario”, concluye.

 

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