Esta es una entrada que no hubiera pensado escribir, al menos de forma tan inminente, pero en estas últimas semanas los acontecimientos se han precipitado, y creo interesante exponer mi punto de vista sobre la situación actual.

Repasaremos en primer lugar qué nos enseña la historia a cerca de las correcciones, recesiones y crisis severas, en cuanto a profundidad de las caidas, duración y tiempos de recuperación.

A continuación hablaré por encima, para quien le interese, de algunos indicadores que llevaban un tiempo aconsejando prudencia, mucho antes de la llegada del coronavirus. Los que me seguís en Twitter, sabéis que llevo más de un año reduciendo exposición a la bolsa y hablando de estos temas. Trataré de resumir estos puntos de forma breve (pues darían para un libro y película, y seguro que lo harán si se cumplen los peores presagios) simplemente para argumentar que si bien el coronavirus ha sido un imprevisto, había motivos sobrados para una corrección y por tanto, no se puede pensar alegremente que vayamos a recuperarnos en unas semanas.

Por último veremos qué escenarios pueden darse y cómo afrontar la tormenta que se nos viene encima. No tengo ni idea de qué va a suceder y no me aventuro a hacer ninguna predicción. Simplemente comento mi posicionamiento y cómo actuaré según evolucione la situación.

Hablaré también de los aspectos psicológicos  y emocionales en estos días en que se ponen a prueba las convicciones más profundas que uno creía tener cuando todo subía. Esta corrección vale mucho más que cualquier cursillo sobre invertir en bolsa y se pueden aprovechar lecciones importantes de cara al futuro. Para muchos habrá sido la primera situación de estrés y seguro que estas semanas servirán para conocerse mejor.

Un paseo por Wall Street

Basta mirar la evolución histórica del S&P500 para observar que:

·        a largo plazo siempre sube

·        periódicamente se producen crisis y correcciones más o menos importantes

La teoría nos dice que cualquier momento es bueno para invertir, y que no debemos intentar medir al mercado y anticipar las caídas y rebotes. Esto es completamente válido, con la salvedad de que hay determinados momentos que tendrán una repercusión notable en la vida del inversor. Pensemos el caso de alguien a quien 1929 o 2001 pillaran totalmente invertido; esta persona tardaría 30 y 12 años resectivamente en recuperar su patrimonio (ajustado a inflación). En cambio, quien empezara a invertir en 2008 ha vivido una década prodigiosa, el mercado alcista más largo de la historia (¡130 meses!; +400% desde 2009), que ha durado hasta hace menos de un mes.

Lógicamente, no sabremos nunca en qué momento estamos, y tratar de adivinarlo sale caro.  En estos momentos, es normal ser escéptico, pero la vista de pájaro sobre el S&P500, extrapolable a otros índices, ayuda a tener esa perspectiva de largo plazo:

Visto así, parece fácil haber invertido casi en cualquier momento y tener la paciencia de ver cómo la inversión crece, aguantando los tiempos de crisis y haciendo compras periódicas.

Sin embargo, las caídas de 1929 y los 2000 fueron muy profundas, y eclipsan otros mercados bajistas que hoy parecen carecer de importancia. Hagamos zoom y veamos cada una de esas caídas en escala:

casi 30 años hasta recuperar!!

década perdida!

*actualización 2020: 130 meses

+400%

¿Y todo por un simple virus?

No quiero que este sea un artículo para el autobombo y el "ya lo dije". Si hubiera tenido la certeza de lo que iba a ocurrir, habría vendido todas mis posiciones en lugar de estar invertido al 50%, como vengo publicando en Mi Cartera.

Sin embargo, es cierto que había ya, desde muchos antes del coronavirus, una serie de avisos que me parece relevante repasar para entender los problemas que puede desencadenar este cisne negro llamado COVID-19. Además, de cara al futuro, pueden dar pistas sobre algunas cosas que tener en el "cuadro de mando", como esos indicadores del coche que no miramos salvo cuando parpadean. Es un tema que daría para largo, pero que trato de resumir en 5 puntos: valoraciones altas, recompras de acciones, deuda abultada, tipos negativos y, la curva invertida.

(Quien lo desee puede saltarse esta sección e ir directamente al final donde hablo de los escenarios posibles)

1.    Valoraciones altas. La bolsa siempre sube, vale, pero desde 2015 a este tiempo hemos vivido una época de valoraciones disparatadas. La facilidad de crédito, los tipos cero, y la búsqueda de rentabilidad han llevado a muchos activos a cotizar fuera de cualquier racional. Más allá de las salidas a bolsa de empresas sin oficio ni beneficio como las acciones de marihuana, la fiebre del blockchain y las criptodivisas, las startups con valoraciones ridículas (Uber, Wework…), también la bolsa tradicional estaba cara. Un indicador muy bueno es el PER de Shiller del índice S&P500. Al igual que una acción, el S&P500 tiene su ratio de PER (quien no conozca lo que es el PER, ver enlace). El Nobel de Economía Robert Shiller ,que predijo la burbuja puntocom, propuso una modificación a la forma de calcular este ratio, ajustándolo al histórico de los últimos 10 años y la inflación (para más info, ver enlace).

En 2019, el S&P500 estaba a niveles superiores a 1929…

Una voz que llevaba tiempo alertando también del extremo de las valoraciones y a la que daba cierto crédito es John Hussmann, inversor, economista y filántropo. Pese a ser uno de los llamados permabears, esas personas que están constantemente advirtiendo de una crisis inminente, sus ivestigaciones de mercado son una maravilla, y las comparte gratuitamente en su web (recomiendo leerlas y seguirle e Twitter). De lo más relevante es un indicador propio que ha desarrollado para medir el retorno esperado a 12 años del S&P500, basándose en el CAPE de Shiller, y que históricamente se ajusta bastante a la realidad. En la gráfica siguiente, se muestra el PER ajustado del índice (en escala invertida, izquierda), y el retorno en los siguientes 12 años:

Vemos que cuanto más baja está la línea azul (valoraciones más altas), menor es el retorno obtenido a 12 años (en porcentaje, escala derecha). La línea roja es el modelo, y va siempre 12 años por detrás de la azul. El gap que hay a finales de 2007 nos indica que el retorno del S&P500 en la última década ha sido mejor del esperado; el índice ha rendido casi un 10% anualizado desde la gran crisis, mientras que el modelo hubiera previsto un modesto 3% a precios de 2007.

A comienzos de 2020, la rentabilidad a 12 años del S&P500 era negativa

Aunque el modelo no sea infalible, estaba a un nivel muy caro que solo un crecimiento en beneficios espectacular, casi irreal, podría justificar.

El problema de Hussmann es que su estrategia de inversión ha sido bajista durante una déada, y sus fondos un auténtico desastre. No obstante sus estudios no dejan de ser interesantes, y no dejaba de ser alarmante que los retornos previstos fuesen negtivos.

La lección es que no se puede luchar contra una tendencia, y que pese a tener razón, es imposible adivinar en qué momento pinchará la burbuja. Con todo, vya eremos qué ocurre con sus fondos de aquí en adelante; puede que al final gane la partida.

2. Recompras de acciones. A propósito de las valoraciones extremas, un factor que ha contribuido a añadir más gasolina a las bolsas han sido las -por muchos inversores celebradas- recompras de acciones. Hasta los años 80 estaban prohibidas. Y un instrumento que debía servir como herramienta en momentos puntuales se ha convertido en un fraude de ingeniería financiera para mejorar el beneficio por acción, haciendo subir el precio y permitiendo cobrar el bonus a los directivos. Alegría para todos, accionistas los primeros. Todo ese dinero (mal) gastado, que bien podría haberse empleado en reducir deuda o simplemente aumentar caja, ha contribuido a inflar las bolsas. Cuando viene época de vacas flacas, esta estrategia se resquebraja. Qué bien le vendrían ahora por ejemplo, a Boeing, los 40 billones (mal) gastados en recompras de acciones por encima de 300$ (hoy vale 50B en bolsa y cotiza a 100$ la acción).

3. Deuda.  El nivel de endeudamiento, no ya a nivel gobierno sino corporativo ha alcanzado cotas disparatadas. En ésta imagen podemos ver dos cosas preocupantes: la cantidad de deuda corporativa emitida desde 2007, y el volumen de deuda en nivel BBB, el de peor calificación crediticia antes de ser considerado bono basura (BB e inferiores).​2.

La cantidad de deuda se ha más que triplicado, hasta rozar los 8 trillones de dólares (esto solo en USA), y el nivel de bonos BBB es enorme. Toda esa deuda BBB pende de un hilo y a la mínima de cambio, el rating pasará a high yield (el eufemismo para bono basura).

Sin embargo, el apetito por el riesgo estaba en máximos. Pese a ese nivel de deuda global, las distintas amenazas como el Brexit, la guerra comercial, la desaceleración de China… la bajísima rentabilidad de la deuda de calidad (tipos negativos incluso para empresas, cobrar interés por recibir dinero prestado, ver Louis Vouiton aprovecha la locura del BCE para comprar Tiffanys) provocada por las compras masivas de los bancos centrales, impulsaban a los inversores a demandar deuda de peor calidad (más riesgo) en busca de rentabilidad, haciendo subir el precio de los bonos y bajando la prima de riesgo a mínimos.

Esta imagen nos muestra la prima de riesgo de los bonos basura americanos. Vemos cómo iba bajando hasta pagar a principios de 2020 menos de un 2% de prima sobre los bonos de mejor calidad, habiéndose disparado ahora con el cornavirus.

4. Tipos negativos y QE. El origen de todo lo anterior se encuentra en la política de dinero gratis que la FED y el BCE emplearon para salir de la crisis anterior. Lo que empezó siendo una medida saludable y necesaria ha acabado por convertirse en una adicción. Las "anfetas" que llama Santiago Niño-Becerra (otra voz que viene advirtiendo sobre una tercera fase de la crisis de 2008 y a la que también doy crédito). El sistema se ha acostumbrado a estos programas masivos de compra de deuda, que han llevado a los tipos de interés a mínimos, e incluso en Europa a tener bonos con interés negativos desde hace años, lo que es una aberración. En 2019 había ya países como Alemania que tenían toda su deuda en tipos negativos. Esto quiere decir que estos estados se financian gratis, ¡emiten deuda, y deben repagar una cantidad menor! Y los inversores los compran.

Los bancos centrales ha intentado sin éxito (y tímidamente) enmendar esta situación, ya que no es saludable para la economía que el dinero sea tan barato, y les deja sin herramientas en caso de crisis (¿como ahora?). En 2018 se intentó, y hubo un aviso. La FED y el BCE amagaron con reducir compras, y la bolsa cayó estrepitosamente en diciembe de 2018. La FED retomó el programa de compras bajo la presión de Trump, el índice corrigió, y hasta hoy…

Desconozco cómo se puede revertir esta situación, cómo puede hacerse para reducir el nivel de deuda de países con déficit permanente, como España, y también de empresas; cómo normalizar los tipos de interés y acabar con la dependencia a las compras de bonos por parte de BCE y FED. No soy un experto en la materia, y no pretendo extenderme más. Pero voces muy cualificadas coinciden en señalar su preocupación en este asunto.

5. La curva de tipos. Este indicador ha predicho todas las últimas recesiones. Es como la famosa marmota de Punxsutawney, solo que hasta la fecha, siempre ha acertado. Mide la diferencia entre el bono americano a 3 meses y 10 años. En situación normal, el interés a 10 años es mayor y la diferencia es positiva. Sin embargo, en la antesala de una recesión, la demanda por bonos de largo plazo sube ante al incertidumbre, haciendo bajar su rendimiento, poniéndolo por debajo de las letras a corto plazo. El año pasado se invirtió, y durante unas semanas se habló mucho de ella en los medios. Algunos expertos replicaban con el famoso "this time is different", pero parece que la dichosa curva se empeña en tener razón, aunque sea accidentalmente a causa de un virus, o quizás no. Es un tema muy interesante, que dejo para dedicarle otra entrada. Aquí podemos ver las últimas veces que la curva se invirtió:

Si bien el coronavirus ha sido una catástrofe repentina e inesperada, se estaban dado todos los ingredientes para que a la mínima contrariedad, cuando el crecimiento empresarial no fuese el esperado, subiese la percepción del riesgo en los bonos, el crédito dejase de circular tan fácilmente, cundiese el pánico. Puede ser que el coronavirus fuese la puntilla, o la excusa, que faltaba.

A dónde vamos

Ya tenemos una foto de dónde nos encontramos, quizás demasiado alarmista. Sin embargo, como confesé al principio, no tengo ni idea de qué va a suceder. Llegados a este punto, hay tres escenarios posibles:

·        Recuperación rápida: pudiera ser que la acción coordinada de gobiernos y bancos centrales lograse contener el virus en unos meses, y mitigar su impacto económico mediante estímulos fiscales, ayudas a empresas, y un largo etcétera que no entraré a pormenorizar, ya que no soy autoridad en la materia. En este caso viviríamos una recuperación bastante rápida (de meses, no de días!), similar a la de crisis pasadas desencadenadas por un evento aislado, como 1987. Veríamos una subida vertical, y en especial de las acciones que hemos visto caer hasta un 70% como el sector turismo, aerolíneas, etc. Habría oportunidades de compra muy buenas. Pero prudencia, recordemos que una corrección, aunque sea corta, puede llegar al 30% o al 40%. Y que las bolsas estaban caras en los niveles anteriores.

·        Recesión moderada: en caso de no frenar de manera rápida el impacto del virus, veremos cómo la economía se va a parar durante un par de trimestres, entrando en recesión. Que no cunda el pánico, la definición técnica de recesión es la de dos caídas consecutivas del PIB, algo que puede ocurrir puntualmente sin implicaciones demasiado perversas. En este escenario si veríamos ya daños de cierto calado, posiblemente la quiebra de algunas empresas que no puedan afrontar un parón tan largo, y momentos de mucha volatilidad en las bolsas, alternando días de euforia con bajadas de doble dígito como las vividas estos días. Los mínimos de marzo (23xx para el S&P500) serían posiblemente perforados. Sería como una de las crisis cortas del gráfico, con una recuperación de entre 12 y 24 meses.

·        La madre de todas las crisis: si los peores presagios se cumplieran, y las tesis más negativas sobre el virus y la "burbuja del todo" se materializasen (disparo de primas de riesgo, oleadas de impagos, quiebras…) nos espera una época muy dura y, para los inversores, caídas muy significativas. Es imposibe predecir hasta qué nivel se puede llegar. En la última crisis la caída total fue de casi el 60%, en 1929 fue del 80%… Según el modelo de Hussmann, el nivel al que el S&P500 daría retornos futuros en la media histórica está en torno a los puntos…. (y por alusiones, nuestro maltrecho IBEX bajaría también a los avernos).

Solo llevamos dos semanas con esto. Hasta que no veamos la evolución del virus (aún no ha llegado el pico a Estados Unidos) los primeros resultados empresariales e indicadores económicos del primer trimestre (a partir de mediados de abril, si no se retrasan dadas las circunstancias) no tendremos más claridad.

Hasta entonces, no hay que precipitarse. Se alternarán días de euforia con otros de pesimismo. Noticias cruzadas, declaraciones de políticos y bancos centrales anunciando medidas… Nos espera un largo camino donde las semanas van a parecer meses.

Mi estrategia (y solo mía)

Como inversor, y realmente en cualquier situación en la vida, siempre he preferido valorar todos los posibles escenarios y prepararme para ellos, antes que tratar de adivinar qué ocurrirá.

Viendo el cariz que toman las cosas, veo cada vez menos posible el escenario de recuperación rápida. Ahora mismo tengo el 50% de mi cartera en bolsa y podré aumentar según se vaya despejando el panorama. En caso de una recuperación más lenta, iré comprando más, pero tampoco llegaría 100% invertido a los niveles anteriores. Recordemos que las bolsas estaban caras. Ignorando el coronavirus, todo lo expuesto sobre valoraciones excesivas, nivel de deuda y tipos negativos, sigue vigente.

Aunque no lo deseo, no puedo descartar el peor de los supuestos. Valoraré aumentar aún más la liquidez o incluso una cobertura con cortos mediante algún ETF (como la que tenía del S&P500 y vendí este mes, demasiado pronto visto ahora en perspectiva).

Esta es mi situación acorde a mi nivel de riesgo y circunstancias personales.

No puedo decir cuánta liquidez debe tener cada uno ni cómo ha de actuar. No es lo mismo estar hoy invertido al 100% con una cartera de 10 mil euros que con una de 200 mil. No es lo mismo estar trabajando y generar ahorro que gastar casi toda la nómina… Por tanto, cada uno debe valorar cómo afrontar estos meses. Hay que asumir que desconocemos cuál de los tres escenarios se va a dar, preguntarse qué se haría en cada uno de ellos,  y obrar en consecuencia. ¿Qué pasa si todo cae hasta el 60% y no recupera en 5 años? ¿Puedo permitírmelo? ¿Y si se queda en este nivel? ¿Cuánto puedo ahorrar de aquí a 2 años?… ¿Y si para finales de año hemos vuelto al nivel anterior?

Como inversores, a lo largo de una vida nos tocará vivir varios momentos de este tipo, incluyendo al menos una crisis en mayúsculas, y las circunstancias en que lo hagamos pueden marcar nuestro futuro. Como vimos antes, a largo plazo todo se relativiza, pero ninguno queremos ser esa persona que invirtió todo en 1929 o 2007. Por tanto, gestiona bien el riesgo (expresión cliché), que yo traduzco a lenguaje coloquial como: que pase lo que pase, no suponga  tu ruina ni quedarte atrapado durante años.

Para quien lo está pasando realmente mal, a quien esta bajada ha pillado con las manos en la masa, completamente invertido: CALMA. Valora reducir exposición, aunque duela, y aguanta estoicamente mientras ahorras. No promedies ni vuelvas a comprar hasta pasados unos meses cuando haya más perspectiva, o hasta que la caída sea por ejemplo del 50% o 60% (niveles de crisis gorda, si llega).

Gestión emocional y lecciones aprendidas

Pese a haber leído a Buffett, Lynch, Graham y todos los libros de inversión, tener la lección clara, bien sabida la teoría del largo plazo, es muy difícil no sentir pánico al ver esfumarse de un plumazo las ganancias de los últimos años, ver caer los índices un 10% en un solo día, empresas aparentemente sólidas perder más de un50% de su valor… una situación que es casi de leyenda; a la altura del famoso lunes negro de 1987, de Lehman… En estos momentos se aprende mucho, sobre todo a conocerse a uno mismo: cómo se reacciona ante el miedo, qué se siente, cómo se piensa, qué errores se cometen. Por eso he dicho que estos días valen más que cualquier curso teórico de bolsa (que en mi opinión no valen nada).

Vivimos un momento histórico. En el futuro se hablará de ésta corrección como una de las grandes, tanto si hay recuperación rápida como si entraos en recesión. Y seguro que cuando todo pase nos demos cuenta de que había oportunidades increíbles de compra, pero también nos preguntaremos cómo fue posible que otras empresas llegaran a cotizar a esos precios en lo más alto…

Para terminar, dejo una serie de consejos, debatibles y criticables por supuesto, que espero sirvan para afrontar estos meses que se nos avecinan, y también de cara al futuro:

Consejos para un mercado bajista

1. Liquidez. Ten siempre algo de liquidez, no estés nunca invertido al 100%. Menos ahora. En estos momentos, un buen indicador puede ser pensar si la cantidad que tienes en bolsa te quita el sueño. Si la respuesta es que duermes tenso, te levantas cada día pensando qué hará la bolsa, si una caída del 5% te produce una punzada en el estómago, es un indicador de que quizás debas reducir exposición. Otra forma de verlo puede ser medir lo que supone tu posición actual. Aunque tendemos a hablar en porcentaje, los números absolutos importan. No es lo mismo haber perdido una cantidad que ahorras en 3 meses de trabajo, que en tres años. Más en general, y de cara también a mercados alcistas, yo abogo siempre por disponer de liquidez y no estar nunca completamente expuesto a bolsa, ya que nunca se sabe cuándo va a venir el siguiente bear market. Renuncio a ganancias, pero duermo más tranquilo.

2. Dosifica las balas. Los mercados bajistas duran meses, si no años. Mira la tabla de mercados bajistas para recordártelo. No compres a las primeras de cambio y no te pongas a disparar a todo. No sabes dónde está el suelo; habrá más oportunidades. Poco a poco. Guarda munición.

3. Evita trampas de valor. Es fácil caer en el error de que una determinada empresa cotiza a un precio absurdo, cuando da beneficios, tiene caja, y todo lo que tu quieras. La realidad es que hoy todo ha caído. El precio del riesgo ha cambiado y ahora las valoraciones están en otro rango. Además en muchos casos hay un riesgo real de quiebra; una empresa cuyo valor intrínseco es 10, pero tiene un 50% de posibilidad de quiebra, cotizará por 5€. Y si no de quiebra, de necesitar una reestructuración, conversion de deuda en capital… Si ese riesgo se disipa, la subida será vertical, pero si no… No juegues a saber más que el mercado.

4. No promedies. Es fácil anclarse a los precios pasados y tratar de buscar promediar las posiciones abiertas a la baja para recuperar cuanto antes. Error. Si tu empresa lo hace bien, recuperrás lo invertido. Si te equivocaste, no metas más huevos en esa cesta. Lo que lleva al siguiente punto…

5. Reevalúa tu cartera. ¿Volverías a comprar hoy las mismas acciones? No mantengas posiciones simplemente porque vas perdiendo y esperas recuperar. Psicológicamente tendemos a hacer eso porque nos duele más una pérdida de "x" que una ganancia del mismo importe. Pero a veces lo mejor es cerrar posiciones y reorganizar la cartera. Soy un acérrimo defensor de la indexación, lo que me lleva al siguiente punto…

6. Indexarse. Es tentador ver acciones a precios que hace semanas parecían imposibles, pero piensa que todo está  más o menos por igual. Fíjate que en esta caída muchas empresas supuestamente defensivas lo han hecho igual e incluso peor que el mercado. Y si tienes una cartera de varias acciones, apuesto a que lo ha hecho muy parecido al mercado (si no peor, por estar concentrada justo en el sector que más ha bajado). Indexarse es la estrategia ganadora, y más en este entorno en que la amenaza de quiebra es real en muchas empresas. Comprar fondos o ETF, incluso  ETF sectoriales si tienes convicción por uno, antes que apostar por una única empresa. No hagas una cartera de 80 acciones.

7. Mente fría. No inviertes en caliente. Antes de comprar, párate a pensar, y evalúa si sientes que te recorre por dentro un impulso tipo: "Venga va, me la juego a ver si ya no cae más" o "Aquí voy con todo". Como si estuvieras tirando el penalty decisivo al hacer click con el ratón para dar la orden de compra. Es un indicador bastante bueno de que estás poniendo demasiada carne en el asador para tu nivel de tolerancia al riesgo, y a las primeras de cambio te van a entrar dudas, sudores fríos, y vas a querer vender. Habrá días en que cunda el pesimismo, días en los que parezca que empieza el rebote y luego todo se trunca, se vuelve al origen…. Cuando sientas dudas, mira el grafico de recesiones pasadas; caídas y rebotes bruscos son normales. Cíñete al plan.

Piensa que en todas las crisis el mundo parece llegar a su fin, pero al final del día sigue girando. Incluso aunque tengas pérdidas considerables, los meses venideros representan una oportunidad de invertir a precios mejores que los últimos 2 años, y quién sabe si un momento histórico del que se hable en el futuro.

Juega tus cartas con prudencia. Aprovecha para aprender de cara al siguiente mercado bajista, que lo vivirás, ¡y no estés mirando la bolsa todos los días, desconecta! ¡Evita la prensa salmón y los gurús!

Ánimo a todos, son días duros, pero venceremos!

Imagen de fondo: Un inversor arruinado intenta vender su coche por 100$. 30 de Octubre 1929.

A menos que puedas ver tus acciones caer un 50% sin que te cause un ataque de pánico, no deberías invertir

(Warren Buffett)

Vemos que cada pequeña bajada del primer gráfico fue en realidad una época complicada, con caídas de hasta un 50% que duraron varios meses, si no años. Más o menos a razón de una o dos por década.​

Pese a lo que nos dice la teoría, es comprensible la preocupación que supone ver una caída del 30%, la caída más rápida de la historia, y más si se está invertido al 100%. A tenor de mis interacciones en Twitter, me temo que muchos lectores llevan en bolsa unos pocos años, y han tenido una experiencia demasiado idílica. Todo subía, y parecía fácil escoger acciones sin equivocarse. Sin ir más lejos, solo en 2019 la bolsa subió un 30%. No es de extrañar por tanto haber visto inversores perder los nervios, comprando ante las primeras de cambio estos días, y agotando la poca liquidez disponible.

Y es que, por primera vez en una década, nos hemos adentrado en un mercado bajista (definido como corrección superior al 20%). Territorio desconocido para muchos…

Paciencia. Llevamos solo 2 semanas. No sabemos dónde estamos, cuánto va a durar ni hasta cuánto puede caer. Puede que sea cuestión de años, pero se recuperará lo perdido.

Otra forma útil de visualizarlo es superponer los distintos mercados bajistas para ver su profundidad. Vemos que la bajada que llevamos es la más rápida, pero no se puede aventurar nada a cerca de su desenlace…

 

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